
Hoy murió un jóven de 30 años.
Se trataba de Pablo, casado con Bélgica y padre de un hijo de cinco años. Durante una semana estuvo en coma y su familia esperaba que se recuperara. Sus amigos, los más optimistas, incluso organizaron una comida típica que permitiría la recaudación de fondos para su tratamiento.
Justo hoy las viandas con la comida llegaron puntuales a su lugar de trabajo. Sus colegas estaban listos para vender lo preparado. Pero, todo tuvo que retirarse. Una llamada telefónica les indicó que Pablo acababa de fallecer.
¿Cómo es posible que un hombre jóven, sano y lleno de fuerzas, termine en la sala de cuidados intensivos de un hispital público? La historia es triste: Resulta que Pablo era víctima de los chismes y murmuraciones de las personas. Algunos colegas varones comentaban que era gay y aseguraban que, habitualmente, cuando tomada licor, se le “mojaba la canoa”.
Esta expresión es conocida en Ecuador para referirse a los hombres que con unas copas demás se insinuan a sus congéneres del mismo sexo. Pablo durante mucho tiempo luchó contra los prejuicios y en la última fiesta quiso demostrar que no eran ciertos los rumores y accedió a emborracharse.
Sus ”amigos” esperaban esas palabras y en las bebidas que le dieron mezclaron drogas. Querían que con una dosis tan alta, Pablo sacara a relucir sus apetencias… Lásima que la broma se les fue de las manos.
Pablo terminó en el hospital, en coma. Y no despertó. Amigos , conocidos y familiares se lamentan. Todos saben lo sucedido, pero nadie quiere señalar a los culpables. ¿Por qué? Porque en esta sociedad tienen igual culpa los que escuchan intrigas y quienes las preparan…
Ahora los gritos y las lágrimas de su esposa, comprueban a todo el mundo que ninguna mujer llora por un hombre mentiroso…

Comentarios recientes